agosto 13, 2021

Menorca, un paraíso para visitar

Realizamos nuestro viaje a Menorca durante un fin de semana en agosto de 2020, y la elegimos porque la consideramos una de las opciones más atractivas – tanto por precio como por tiempo de trayecto (tan solo 55 minutos en avión desde Barcelona). Con el paréntesis que dio la pandemia en verano, ¡mejor no irse muy lejos!

Al tratarse de una isla más bien pequeña y sin demasiado transporte público, la mejor opción para moverse por ella era en coche; así que alquilamos un Opel Corsa a través de la página web de Autos Vivó y todo salió a la perfección. Pudimos recorrer la isla a nuestro aire y enamorarnos de sus playas, calas y parajes de ensueño. La verdad es que a muchas de ellas es imposible llegar si no vas en coche.

En cuanto a la estancia, escogimos la zona de Ciutadella por su buena ubicación y acceso a bares, restaurantes, tiendas y aparcamiento. A la llegada al hotel, y puesto que nuestra habitación aún no estaba disponible (aunque debería haberlo estado), cogimos bañador, toalla y cámara de fotos y nos cambiamos para poder darnos un chapuzón en Cala en Brut – justo al lado del hotel. Un paraje natural con rocas espectaculares y un agua increíblemente transparente. 

Pero Cala en Brut no es la única joya menorquina, también nos enamoramos de Cala Macarella y su hermana pequeña, Macarelleta (se trata de una de las calas con mayor número de nudistas), de Cala Turqueta (una cala totalmente virgen, con un agua azulísima y una arena finísima, que también dispone de baños y socorrista), Es Caló Blanc, Cales Coves (perfecta para practicar snorkel), o Cala Mitjana. Seguramente en agosto está todo más lleno de cómo lo encontramos nosotros, ¡ventajas inesperadas de la maldita pandemia!

paraíso para visitar

Pequeños pueblos, parajes y vistas espectaculares

Pero en Menorca no todo acaba en sus playas y calas. Nuestra visita a Port d’en Gil nos dejó con unas magníficas vistas y una sensación de libertad difícil de expresar. Allí también se encuentra una de las mejores grutas sumergidas a la que, según nos contaron, acuden buceadores desde muchas partes del mundo. Nosotros no pasamos del snorkel por ahora…

IMPERDIBLE: El Monte Toro, la montaña más alta de Menorca. Uno no se va a Menorca a ver montañas, pero la subida merece la pena: pudimos apreciar todo el contorno de la isla. Luego visitamos el Santuario de la Virgen de Monto Toro y su iglesia gótica, muy bonitos también. Desde Monte Toro, nos dirigimos a Fornells, un pequeño pueblo de pescadores del que no podéis iros sin comer una buena caldereta de langosta – el plato típico de Menorca.

Quizá lo que más nos impactó fue Binibeca. Es uno de los sitios más turísticos de la isla, pero sus casitas blancas y pequeñas calles nos enamoraron, ¡yo me habría quedado a vivir sin pensarlo!

Tampoco nos perdimos unos de los lugares más famosos de la isla: la Cova d’en Xoroi, al sur de Menorca, desde donde contemplamos el atardecer con unas vistas únicas del mar, el acantilado, el sol y disfrutamos de la música Chill Out del bar de la cueva. 

Aunque aún nos faltaron por ver muchas otras calas (por lo que tendremos que repetir visita), si hay algo que podemos decir de Menorca es que vale muchísimo la pena perderse en ella y en todos su rincones, sin duda es un paraíso para visitar.